Alma Datil Calderón

CADENAS

Datil, una semilla, una fruta.
Un linaje de secrecía, un ataúd sin tumba.
El sepulcro de mi abuela por ese grupo.
Soy un Alma vacía buscando lucro.

Un perro más encadenado por la tierra del libre,
que sigue comprando mis escuelas
para llenarlas de su codicia
y jaltarme de impuestos.

Lo que me queda son mis costas.
A leguas abrazo la espuma de su sangre.
Arrinconados por casas de brocha.
Que sea la mar de mi lucero que me bañe.

El coquí comienza a perder su canto.
Su voz verde ahora es gris.
Sus cuerdas congeladas, su piel brotada rubí de guerra.
Y según pasan los años, este coquí va vistiéndose
de paz, a miseria.

Yo no soy Rivera,
el río que gatea por la vereda.
Yo soy Datil
Moribunda con lupa de marfil.
No soy Rodríguez,
solo una pizca de tierra con crestas vacías,
bendecida por el Bohíque.

Una raza por enraizarse a su lugar,
mientras mi tierra sigue siendo vendida
al viejo Colón para gastar su oro.

La raíz raizada de la raza
El Alma armada del alma

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      De aquí como el coquí

    Cuando pequeña
    los nenes de la escuela
    me decían gringa
    por nacer afuera.

    Como si mi apellido no bastara
    para arrebatarme
    las manchas de plátano
    cartografiadas por mi cara.

    Como si mi nariz y cadera
    no delatara que mi abuela era negra
    y que la sangre taína
    no bailara por mis venas.

    Que mientras el preschool
    me adoctrinaba su lengua,
    yo le grité un coño a mami
    en honor a su jerga.

    Te lo juro, que si pudiese elegir
    le pediría a mami que me pariera aquí
    donde duerme y canta el coquí.

    Donde la cama es de gandules
    El café es de caña
    Y el coquito es de playa.

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    Aquí se saluda
    con un beso en el cachete
    y los caminos del monte
    se abren con un machete.

    Quién eres tú para juzgarme
    decirme gringa
    por no nacer aquí
    quitarme el sello de colibrí
    y borrar las lágrimas que yo vertí.

    Si yo salí de una flor de maga,
    y las cordilleras me arroparon con su falda.

    No me digas extranjera
    que con esta jabaera
    que me pinta la bembera
    te canto la parrandera.

    Así como te digo wepa
    yo te dedico este poema
    con la p de puñeta.

Alma Datil Calderón : Plegarias

       Plegarias

    Mami, déjame jugar con mis muñecas
    para aprender su delicadeza
    y espejear mi prudencia.

    Llévame afuera a brincar cuica
    y enfangarme en el fango de casa,
    no me dejes enfangarme
    con el vecino de casa,
    no me dejes brincar mis etapas.

    Adviérteme del hombre,
    aquel esmayao
    por invadir mi resistencia,
    que con sus manos
    quiere arrebatar mi adolescencia
    y con su esencia matar mi inocencia.

    Enséñame a cuidarme,
    pero no a esconderme.
    No me castigues por ser caderona,
    castígalo a él por descontrolar
    sus hormonas.

    No me dejes usar escote a los 12,
    pero no me mandes
    a cambiarme los cortos
    cuando mi tío viene
    sí tanto lo conoces.



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    No me aplaudas al tipo de 21
    que traigo al balcón cuando tengo 15.
    Niégame el permiso a la miseria.
    Déjame seguir en la escuela.
    No me aplaudas el casamiento
    a los 18 en busca de independencia.

    No me adelantes de grados de vida.
    No me sumes a la norma social
    de que las mujeres maduramos primero
    cuando lo que empieza a madurar
    son mis senos y no mi cerebro.

    No me dejes al cuidado
    de aquel que sus años
    están a leguas de las mías.
    No me enseñes a ser la que
    solo cuida crías.
    O ¿acaso soy solo
    una cifra más
    en la tasa nacional?

    Mami, déjame jugar con mis muñecas
    para aprender su delicadeza
    y espejear mi prudencia.

    Si tanto le rezas al de arriba
    que el diablo no entre a casa,
    entonces ciérrale la puerta
    a tu amigo de infancia
    y que no entre a mi casa.

Sagitario

La dictadura de mis veintisiete
desciende en la azotea de mi diciembre.
Se vuelve tarde,
corro con el aire.
Los treinta me esperan
con la emboscada en la esquina.

El mundo aumentó la velocidad,
y los años pasan como ríos
en días de aguaceros.
Y el diciembre llega de nuevo.
Corro más de prisa
y siguen pasando los años.

Y con él va llegando ese número,
y con él llega el indagado familiar.
Cuestionan por el marido,
por los niños,
la profesión,
cuando ni sé si sobreviva
en esta penumbrosa vida que camino.
Se hace tarde,
tengo que seguir corriendo.
Porque, aunque se dice
que el futuro viene a leguas,
el mío llega en una hora.

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